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Copernicus a Todo Color |
Octubre 15, 2004 |
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Imagen cortesía de: Lisa Gaddis, US Geological Survey |
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Copernicus a Todo Color Las sondas espaciales robóticas han hecho dos aportaciones importantes al registro de la superficie lunar. Desde mediados de la década de 1960 y hasta principio de los setentas, se obtuvieron imágenes de alta resolución por las misiones Lunar Orbiter y Apollo, y éstos constituyen aún el estudio más detallado de la superficie lunar. Luego, durante la década de 1990, se realizó un estudio global de la Luna en un amplio rango de longitudes de onda por las sondas Galileo, Clementine y Lunar Prospector. Ahora se ha conseguido por fin combinar los registros de ambos estudios. La tardanza en que esto se realizara se debió a que las primeras imágenes de alta resolución no eran digitales. Pero en los últimos años el US Geological Survey (USGS), en Flagstaff Arizona, ha estado digitalizando las imágenes del Lunar Orbiter. Un ejemplo elocuente del valor de convertir toda la información en archivos digitales aparece ilustrada aquí. La imagen de la derecha es una imagen de Copernicus más o menos estándar compuesta a partir de tres longitudes de onda. Generalmente, las regiones que aparecen en color rojo son escombros de impacto fundidos, ricos en vidrio, mientras que las zonas azules es material de corteza continental (rico en anortosita). El registro combinado de la imagen espectral del Clementine con la imagen del Lunar Orbiter IV digitalizada por el USGS da como resultado una imagen (izquierda) mucho más fácil de interpretar, tanto topográficamente como geológicamente. Por ejemplo, la imagen del Clementine muestra un triángulo rojo de escombros fundidos por impacto cuya frontera es paralela al borde del cráter. Al comparar esta imagen con otra de alta resolución tomada por una sonda Orbiter se demuestra que los escombros fundidos corresponden a la perfección con una topografía más uniforme y llana, en el suelo de Copernicus, donde los escombros fundidos sepultaron y ocultaron los rasgos topográficos anteriores. El hecho de que los escombros fundidos no se distribuyan de manera uniforme alrededor de Copernicus, sugiere que el cráter se formó por un impacto oblicuo, por un proyectil proveniente del Sur-Sureste. Del mismo modo, la permanencia de escombros fundidos por el impacto sugiere que no hubo manifestaciones de vulcanismo posteriores al impacto. Detalles Técnicos: Enlaces Relacionados: LUFOD de mañana: ¿Un Corazón en la Luna?
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